lunes, 25 de abril de 2011

AGUA

Noté algo extraño en mi cuerpo. Me miré en el espejo y entonces vi que mis ojos habían cambiado de color. De un claro azul han pasado a un gris poco natural. Un gris oscuro, como metálico, mate y apagado.
Recorro mi cuerpo con esos nuevos ojos en busca de alguna señal que dé sentido a este brusco cambio. Entonces encuentro una extrema delgadez. Descubro unas manos arrugadas y endurecidas por lo que parecen la acción del tiempo. Pero no, son más bien la consecuencia de un duro trabajo.
No recuerdo haber trabajado tanto, ni recuerdo tampoco haber pasado tanta hambre.
Me he descubierto de golpe, sin darme cuenta, dentro de esta África seca, caliente y hambrienta. 11 años horadando la tierra hasta llegar al agua, han dejado en mí una huella mayor que la del paso del tiempo. Por fin esta agua que ahora es bebible, lavará a estos niños cada mañana.
Ahora sé que no quiero irme de aquí. Que me quedaré para siempre dejándome arrugar las manos a conciencia.
En África mis ojos no han cambiado de color, han cambiado mi forma de ver el mundo.

1 comentario: