Uno no sabe la cantidad de situaciones que arregla un café solo hasta que no ha leído la trilogía Milennium de Stieg Larsson.
Cada crisis, cada sobresalto, cada situación que contribuye a despejar alguna duda, está regada por un buen café caliente.
Hubiera querido estar dentro de esas magníficas novelas sólo por tomarme un café con Mikael Blomkvist.
Si Dovtoyeski hubiera tenido a mano una buena cafetera la hubiera puesto sin duda al servicio de su Crimen y Castigo.
Paqui
No he leído la trilogía, pero cuando lo haga prepararé una buena cafetera. Alrededor de un café parece que el mundo se detiene, posee algo de magia ese paréntesis que nos otorgamos cuando nos disponemos a tomar una café, aunque ya se sabe todo en exceso es malo...
ResponderEliminarUn abrazo, te enlazo en mi blog.